Saturday, July 22, 2006

Tres partidos, tres complicados retos

Por: Francisco Díaz Palafox

Sabado 22 de Julio de 2006 | Hora de publicación: 03:03


Después de las elecciones del 2 de julio, los tres principales partidos políticos deberán entrar en un profundo proceso de reflexión sobre su actuación y la cosecha de votos que lograron. En todos deberán leer con cuidado el mensaje que envió el electorado participante, así como los votantes que se abstuvieron de ir a las urnas.
En principio, gane quien gane la Presidencia de la República, una vez que el Tribunal Electoral defina si Calderón o López Obrador ejercerá el Poder Ejecutivo, el primer punto que deberán entender los partidos políticos es el apretado resultado en el que la diferencia es apenas medio punto porcentual, pero sobre todo que en cualquier caso seis de cada diez votantes no eligió al próximo mandatario. Es decir, en los partidos, en lugar de asumir el poder con arrogancia, como ya se comienza a ver aun antes de que comience el siguiente sexenio, sería esencial que hicieran un auténtico ejercicio de autocrítica democrática.

En cuanto al PAN, que muy probablemente tendrá su segunda oportunidad en el gobierno federal, deberá cuidar de no convertirse en una versión conservadora de lo que fue el PRI. El mayor reto que tiene es hacer acopio de su capacidad negociadora y echar mano de la experiencia que en este terreno adquirieron a lo largo de varias décadas en que fueron una oposición leal y responsable, que aun en las peores circunstancias antepusieron el interés general por el particular.
En caso de que Calderón sea declarado Presidente Electo y el 1º de diciembre entre en funciones, en el PAN tendrán que buscar vías incluyentes, pero sobre todo ceder en cuestiones importantes para negociar con las otras fuerzas, pues está visto que de darse este escenario el PRD y, en especial AMLO, se convertirán en un dolor de cabeza permanente para el gobierno, como ya lo anuncian diversos dirigentes de ese partido, comenzando por su candidato presidencial.

En el PRI la situación es aún más grave. Aunque todavía gobierna en 16 entidades, controla 22 congresos locales y administra más del 60 por ciento de los municipios del país, por primera vez tendrá los grupos parlamentarios más pequeños en su historia en el Congreso Federal. Este último hecho lo coloca en una circunstancia de alta vulnerabilidad, pero aún está en mayor riesgo si no logra superar de manera exitosa la renovación de su dirigencia nacional, que está a la vuelta de la esquina.
La derrota que sufrió el PRI el 2 de julio, significa mucho más que sólo haber perdido la mitad de su fuerza en el Poder Legislativo. Es un verdadero desafío a su cohesión y unidad interna, que necesariamente conlleva la posibilidad de una balcanización, en la que los intereses regionales, junto con un mayor distanciamiento de la dirigencia respecto a la militancia, podría provocar su desintegración final. Este escenario no sólo sería el peor para los priistas, sino para el próximo gobierno, ya que el PRI, aun tan disminuido, deberá jugar el papel de fiel de la balanza, en un entorno sumamente polarizado, entre dos fuerzas antagónicas y confrontadas como son el PAN y el PRD.

En el PRI tendrán que hacer un esfuerzo extraordinario para aumentar sus votos, toda vez que en los últimos tres años perdió tres millones de electores. Su mayor oportunidad está en capitalizar los errores que cometan sus adversarios, pero sobre todo en volver a ser el partido de las grandes transformaciones de México, con una plataforma cercana a las necesidades de la gente y congruente con los desafíos del país. El PRI deberá ser más que una oposición leal, una oposición corresponsable y constructiva, sin que una actitud de colaboración signifique ser comparsa o desdibujarse en el entorno político.

El PRD tiene ante sí, el reto de asumir la responsabilidad que le dieron los electores de defender una plataforma esencialmente social. El problema que se percibe es que en ese partido todos están enfrascados en la defensa jurídica de los votos que podrían colocar a AMLO en la silla presidencial, pero que aun siendo este el caso, su crecimiento en el Congreso debe obligarlo a buscar el acuerdo con otras fuerzas, no para detener el avance del país, sino para contribuir al mejoramiento general. El primer paso debe darse en el terreno político si no quiere convertirse en una gran decepción, como le ocurrió a Vicente Fox con el gobierno del cambio. En este contexto cada uno de los tres partidos tiene frente a sí tres complicados retos.
http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=252445