Pejemán contra los demonios mediáticos
Por: Regina Santiago Núñez Viernes 21 de Julio de 2006 | Hora de publicación: 02:13
México es hoy un país muy distinto al de 1988; al de 1994 y al del año 2000. Ha madurado con base a golpes. Interpretar su nuevo rostro es tarea de estadistas, no de especuladores políticos o financieros. Tampoco debería ser tarea de psiquiatras. Pero en algunos momentos, el comportamiento de los personajes de esta historia, requiere un diván.
El martes 18 de julio se encendieron nuevamente los timbres de alarma en el equipo de López Obrador que hizo un gran esfuerzo para maquillar las fallas de carácter de su caudillo. Esa mañana, la camioneta donde viajaban Felipe Calderón y Josefina Vázquez Mota —su principal tejedora de alianzas— fue objeto de una agresión por personas que gritaban consignas a favor de López Obrador. En su espacio de Televisa Radio, Carlos Loret de Mola informó sobre el hecho dejando entrever la posibilidad de que todo hubiera sido un montaje del equipo de Calderón. Aunque sin citarlo, la versión parecía tener sustento en los oportunos señalamientos de Manuel Camacho, quien horas antes, había deslindado a la coalición pro-AMLO.
Esa tarde, se había programado una conversación de López Obrador con Loret. No había más que ratificar lo dicho por Camacho y el sospechosismo caería sobre los propios panistas. Pero López Obrador hizo que Camacho quedara nuevamente en ridículo. Su actitud desmintió el discurso cuidadosamente elaborado por su vendedor de imagen.
Loret lo recibió preguntando: ¿Es su gente? Para su sorpresa, el caudillo respondió con un sí contundente y demoledor. Agregó que son miles (hizo una de sus pausas características y enfatizó), millones de mexicanos los que tienen esa consigna de voto por voto y casilla por casilla.
Loret, consternado, le hizo notar que con esto se estaría invalidando la idea de que se iría por la resistencia civil con acento de pa-cí-fi-ca. López Obrador sentenció: Hasta donde podamos encauzar estas protestas de manera pacífica lo vamos a hacer. Pero son millones los mexicanos agraviados por el fraude electoral.
El miércoles 19 de julio, en su tradicional conversación con Brozo, Loret acusó los estragos de la ríspida entrevista y deslizó que López Obrador corría el riesgo de quedarse solo. Dijo que mucha gente del PRD como los legisladores recientemente electos, además de figuras como Ebrard, Amalia García y Cárdenas Batel, habrían hecho ya sus cálculos e irían tomando distancia.
Brozo subrayó indignado que el día anterior no hubo nadie en el PRD que condenara seriamente el hecho. Y puso el dedo en la llaga al agregar: Empezando por AMLO, que tenía en tu programa la primera ventana de oportunidad después de lo sucedido.
¿Por qué la indignación de Brozo? ¿Por qué los mensajes de Loret en el sentido de que López Obrador se irá quedando solo? Quizás, porque recordaron este pasaje de la conversación del día anterior:
Loret le advirtió a su entrevistado que era peligroso que no condenara la agresión contra Calderón. ¿Cómo quiere entonces que no le cuelguen sus adversarios el adjetivo de violento?
López Obrador deslizó que había una gran hipocresía en los cuestionamientos de Loret y sentenció: Todo esto es pacífico, pero te quiero decir que los comunicadores siempre se inclinan más a condenar este tipo de cosas y guardan un silencio como momias, cuando se trata de lo fundamental.
Un comunicador como tú, de un país democrático, después de ver esto (unas láminas con las que ilustraba su versión de cómo se cometió el fraude electoral) te dedicarías a repetir cada vez que tuvieses el micrófono enfrente, que esto es inaceptable, que éste es un agravio mayor.
Luego, con su tradicional sonrisa retadora, López Obrador agregó que no podía condenar lo que Loret le pedía que condenara, porque lo que él condena es el fraude electoral.
Sintiéndose exhibido, Loret subió el tono de voz para decir: Me imagino que esto del comunicador y el micrófono abierto lo pone usted como ejemplo, porque la otra sería pensar en un López Obrador que nos dice a los periodistas lo que tenemos que decir. López Obrador lo sacó de su error diciendo que estaba hablando completamente en serio y que sólo ejercía su derecho de réplica.
En el transcurso de la entrevista, López Obrador insistió una y otra vez en denunciar un complot mediático en su contra, especialmente por parte de Televisa y ofreció a Loret la redención si abjuraba de la línea marcada por la empresa. En algún momento le ordenó que hiciera una profesión de fe por la democracia.
López Obrador se aferraba a su estilo; a su verdad. Ese hombre que se negó a condenar la violencia contra Calderón fue el mismo que, en su momento, descalificó la multitudinaria marcha contra la delincuencia, tachándola de un montaje de la derecha.
La noche del martes 18 de julio, Pejemán se fue a dormir satisfecho por su desempeño en la dura batalla contra los demonios mediáticos. Y cuando despertó… el editorial de La Jornada estaba ahí… condenando a quienes no condenaron la agresión contra los panistas… aunque sin atreverse a decir su nombre.
La autora participa en el Observatorio de
Medios de la Universidad Iberoamericana.
regina.santiago@ciamsc.com
http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=252304
México es hoy un país muy distinto al de 1988; al de 1994 y al del año 2000. Ha madurado con base a golpes. Interpretar su nuevo rostro es tarea de estadistas, no de especuladores políticos o financieros. Tampoco debería ser tarea de psiquiatras. Pero en algunos momentos, el comportamiento de los personajes de esta historia, requiere un diván.
El martes 18 de julio se encendieron nuevamente los timbres de alarma en el equipo de López Obrador que hizo un gran esfuerzo para maquillar las fallas de carácter de su caudillo. Esa mañana, la camioneta donde viajaban Felipe Calderón y Josefina Vázquez Mota —su principal tejedora de alianzas— fue objeto de una agresión por personas que gritaban consignas a favor de López Obrador. En su espacio de Televisa Radio, Carlos Loret de Mola informó sobre el hecho dejando entrever la posibilidad de que todo hubiera sido un montaje del equipo de Calderón. Aunque sin citarlo, la versión parecía tener sustento en los oportunos señalamientos de Manuel Camacho, quien horas antes, había deslindado a la coalición pro-AMLO.
Esa tarde, se había programado una conversación de López Obrador con Loret. No había más que ratificar lo dicho por Camacho y el sospechosismo caería sobre los propios panistas. Pero López Obrador hizo que Camacho quedara nuevamente en ridículo. Su actitud desmintió el discurso cuidadosamente elaborado por su vendedor de imagen.
Loret lo recibió preguntando: ¿Es su gente? Para su sorpresa, el caudillo respondió con un sí contundente y demoledor. Agregó que son miles (hizo una de sus pausas características y enfatizó), millones de mexicanos los que tienen esa consigna de voto por voto y casilla por casilla.
Loret, consternado, le hizo notar que con esto se estaría invalidando la idea de que se iría por la resistencia civil con acento de pa-cí-fi-ca. López Obrador sentenció: Hasta donde podamos encauzar estas protestas de manera pacífica lo vamos a hacer. Pero son millones los mexicanos agraviados por el fraude electoral.
El miércoles 19 de julio, en su tradicional conversación con Brozo, Loret acusó los estragos de la ríspida entrevista y deslizó que López Obrador corría el riesgo de quedarse solo. Dijo que mucha gente del PRD como los legisladores recientemente electos, además de figuras como Ebrard, Amalia García y Cárdenas Batel, habrían hecho ya sus cálculos e irían tomando distancia.
Brozo subrayó indignado que el día anterior no hubo nadie en el PRD que condenara seriamente el hecho. Y puso el dedo en la llaga al agregar: Empezando por AMLO, que tenía en tu programa la primera ventana de oportunidad después de lo sucedido.
¿Por qué la indignación de Brozo? ¿Por qué los mensajes de Loret en el sentido de que López Obrador se irá quedando solo? Quizás, porque recordaron este pasaje de la conversación del día anterior:
Loret le advirtió a su entrevistado que era peligroso que no condenara la agresión contra Calderón. ¿Cómo quiere entonces que no le cuelguen sus adversarios el adjetivo de violento?
López Obrador deslizó que había una gran hipocresía en los cuestionamientos de Loret y sentenció: Todo esto es pacífico, pero te quiero decir que los comunicadores siempre se inclinan más a condenar este tipo de cosas y guardan un silencio como momias, cuando se trata de lo fundamental.
Un comunicador como tú, de un país democrático, después de ver esto (unas láminas con las que ilustraba su versión de cómo se cometió el fraude electoral) te dedicarías a repetir cada vez que tuvieses el micrófono enfrente, que esto es inaceptable, que éste es un agravio mayor.
Luego, con su tradicional sonrisa retadora, López Obrador agregó que no podía condenar lo que Loret le pedía que condenara, porque lo que él condena es el fraude electoral.
Sintiéndose exhibido, Loret subió el tono de voz para decir: Me imagino que esto del comunicador y el micrófono abierto lo pone usted como ejemplo, porque la otra sería pensar en un López Obrador que nos dice a los periodistas lo que tenemos que decir. López Obrador lo sacó de su error diciendo que estaba hablando completamente en serio y que sólo ejercía su derecho de réplica.
En el transcurso de la entrevista, López Obrador insistió una y otra vez en denunciar un complot mediático en su contra, especialmente por parte de Televisa y ofreció a Loret la redención si abjuraba de la línea marcada por la empresa. En algún momento le ordenó que hiciera una profesión de fe por la democracia.
López Obrador se aferraba a su estilo; a su verdad. Ese hombre que se negó a condenar la violencia contra Calderón fue el mismo que, en su momento, descalificó la multitudinaria marcha contra la delincuencia, tachándola de un montaje de la derecha.
La noche del martes 18 de julio, Pejemán se fue a dormir satisfecho por su desempeño en la dura batalla contra los demonios mediáticos. Y cuando despertó… el editorial de La Jornada estaba ahí… condenando a quienes no condenaron la agresión contra los panistas… aunque sin atreverse a decir su nombre.
La autora participa en el Observatorio de
Medios de la Universidad Iberoamericana.
regina.santiago@ciamsc.com
http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=252304


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