Thursday, July 20, 2006

ESTOY DE ACUERDO TOTALMENTE: ¿Dos Méxicos?

¿Dos Méxicos?
Por: Francisco Báez Rodríguez

Jueves 20 de Julio de 2006 | Hora de publicación: 01:40


Uno de los lugares comunes que han resultado de la reciente elección es la definición de dos Méxicos, antitéticos y peleados, como si fueran dos mundos distintos.

Así tenemos, en la lógica simplificadora, el México del norte y el México del sur: el México de los ricos y el México de los pobres; el México de las instituciones y el México de la revuelta; el México que pide libertad y seguridad y el que pide justicia social. Y así nos podemos ir ad infinitum.

Las campañas electorales son época de confrontación. De proyectos. De personalidades. De modos de ver la vida. Y también de insultos. El peculiar desenlace de este proceso electoral ha prolongado las campañas más allá del día de la votación. También ha prolongado una confrontación social que, en democracia, está acotada en reglas y tiempo.

Las campañas electorales —incluso ésta, que rebasó las elecciones mismas— están signadas por la simplificación. Nada más que ahora esa simplificación incluye el análisis que habla de los dos Méxicos como si fueran las dos Fridas. Y en medio, el silencio de los corderos (errata, quise decir el silencio de los consejeros electorales).

Basta ver los datos detrás del mapa, para darse cuenta que el norte no es azul ni el sur es amarillo (Calderón obtuvo 46 por ciento en el norte; López Obrador 41por ciento en el sur-sureste). Que la tercera parte de quienes ganan menos de tres salarios mínimos votó por Calderón (y la cuarta parte de quienes ganan más de diez lo hizo por AMLO). Que casi un tercio del electorado votó por partidos distintos a los que aún se disputan la presidencia. Que 40 por ciento de los ciudadanos se abstuvo.

En otras palabras, sí estamos divididos, pero hay divisiones transversales que van mucho más allá de la lógica regional o de la lucha de clases. Y aunque los más vociferantes tengan la mano, los panistas y perredistas químicamente puros son la excepción en este país, no la regla.

Somos un mosaico de diversidades. Un gran país, complejo y dinámico, con muchos problemas pero también con importante capital social y humano.

Pensar o decir lo contrario sería engañar —y, sobre todo, sería engañarnos—. Es engañoso pensar o suponer que una “mitad” (si a menos de 40 por ciento se le puede llamar mitad) puede decidir por encima del resto de la sociedad. Pensar que esa falsa mitad puede poner condiciones.

En lo personal, me resisto a que AMLO y sus incondicionales (“más pejistas que El Peje”, me dijo uno de ellos), de plano me coloquen en un bando, “porque el que no está con nosotros, está contra nosotros”. Ni madres. Yo soy mexicano. (((Y YO TAMBIÉN))) A una nación no la define el territorio. Ni la lengua. Ni las costumbres. Ni siquiera una historia compartida. Mucho menos la ideología política. La define el deseo de sus habitantes de tener un futuro en común.

Y ahí sí, ni pedo. Podemos tener mil diferencias, pero nos une el deseo de ese futuro en común. Seguimos siendo una gran familia. No nos queda entonces, sino usar la cabeza y comprender que este país, afortunadamente, no tiene la más mínima posibilidad de ser gobernado de manera autocrática. Así lo dictaminamos nosotros mismos, los electores.

Y no importa que no le guste a quienes tienen los ánimos exacerbados y viven la lógica del todo o nada. No importa que pierdan los que medran con la crispación. A México no le queda más remedio que ser uno. Y al gobierno entrante no le queda sino ser incluyente. Verdaderamente incluyente.

fabaez@gmail.com

http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=252105