Sunday, July 23, 2006

El diccionario de los inconformes

Por: Salvador O. Nava Gomar Domingo 23 de Julio de 2006 | Hora de publicación: 01:13

A diferencia de algunos de sus colaboradores, como Muñoz Ledo o Manuel Camacho, López Obrador es hombre de pocas palabras y escaso lenguaje. No evoco a Ortega (“lenguaje es cultura e inteligencia”), sólo pretendo desplegar ciertos términos que podrían explicar la incertidumbre de bandos ciudadanos separados.

“Contradicción”, “desacuerdo”, “confrontación”, “caos”, “polarización”, “explosión” y “espurio”. Siete palabras de las que puede desprenderse algo de nuestra realidad y que ofrecen la especulación sobre un preocupante futuro.

Desorden o confusión absolutos. Desconcierto, desorganización y desgobierno. Así se define el término “caos” en el diccionario. No hemos llegado a él, pero su camino muestra que por ahí andan algunos. Para alcanzarlo, o mejor dicho, para retroceder hacia él, hace falta una especie de explosión precedida por acciones encontradas: primero contradicciones que alejan o desencuentran a los pares, después la confrontación directa de ideas, dichos y finalmente acciones.

Hay confusión entre lo estipulado por la normativa y dicho y hecho por la autoridad electoral y lo que acusan algunos integrantes de la Coalición por el Bien de todos (que parece no incluir a todos, todos), como si la ley fuera injusta, tramposa y contra los pobres.

Hay contradicciones graves en dichos que contagian al ciudadano. Si tenemos en cuenta que la contradicción se reduce a la afirmación y negación que opuestas se destruyen recíprocamente, la libre confrontación de ideas que la democracia supone está dando paso a opciones y niveles más peligrosos. Más allá del mero desacuerdo (discordia o disconformidad en los dictámenes o acciones).

La confrontación puede ser el careo entre dos personas, el cotejo de una cosa con otra o lo que tememos: una frente a otra para impedir su desarrollo.

Explosión es liberación brusca de una gran cantidad de energía que produce un incremento violento y rápido de la presión, acompañada de estruendo y rotura violenta. Dilatación repentina producida con el fin de obtener el movimiento de una de las partes de un sistema. Manifestación súbita y violenta de ciertos afectos del ánimo. ¿Le suena?

Polarización implica concentrar la atención o ánimo en algo. Orientar en dos direcciones contrapuestas y suministrar a ello una tensión fija. ¿Nos estamos polarizando? ¿Puede haber una explosión? ¿Hay confrontación o contradicción?

¿Podríamos llegar al caos?

Aunque López Obrador desconozca el significado preciso de los términos conduce con sus acciones al peligro de conjugar verbos y poner sustantivos que nadie desea para la prosa de nuestra historia.

Se trata de eufemismos (manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante), con excepción del calificativo que formula para un Calderón presidente: “Espurio”: Falso, ilegitimo, no auténtico, bastardo, adulterado o falsificado. Mentiras que no solo insultan al triunfador; implican descalificación al sistema electoral, al millón de ciudadanos que lo hicieron posible y al cometido de contar con él: el reconocimiento democrático de la propia democracia. Salvo un detalle: en nuestra competencia democrática no todos los contendientes resultaron demócratas, de ahí el peligro inminente de las contradicciones, desacuerdos y confrontaciones que vivimos; caminos fáciles y sin retorno para el caos nacional, la polarización ciudadana y la explosión patria. Todo por un espurio grupo de seudo demócratas.

Aparte. Recibí más comunicaciones que de costumbre por mi colaboración semanal en este y otros diarios. A ellas debo la presente, pues encontré el común denominador de contradicciones, confrontaciones y desacuerdos. Algunas con ánimo explosivo, polarizante, como si la democracia fuera marca registrada por aquellos que condicionan los resultados al cumplimiento de sus exigencias. A todos contesté, mi reconocimiento para los que saben dialogar y mantener su posición con mesura (Gravedad, compostura y cortesía).

El autor es Director de la Escuela de Derecho de la Universidad Anáhuac México Sur.


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